Ayuntamiento de MOTRIL
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URBANISMO

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La ordenación territorial, independientemente del ámbito en el que actúe, deber ser capaz de ofrecer un marco de referencia espacial para el despliegue de la actividad económica y social, utilizando el territorio como soporte, siendo éste, con sus potencialidades y sus características intrínsecas un factor decisivo para establecer las estrategias de desarrollo. Es pues, un recurso complejo que, integrando población, medio físico, recursos naturales, cultura, servicios y procesos de evolución y ocupación, sirve de soporte a cualquier estrategia de desarrollo a corto, medio y largo plazo.

Las estrategias de desarrollo dependen de las potencialidades y oportunidades y de los problemas estructurales e inadecuaciones de cada zona estudiada. En los documentos de Análisis y Síntesis, se han analizado todas estas variables y se han realizado propuestas que en este documento tienen expresión gráfica y características definidas de forma que permitan alcanzar los objetivos perseguidos.

Las propuestas se agrupan por elementos de representación y definición territorial, sustituyendo el método de análisis sectorial, pasando así a la concreción de las actuaciones sobre los dos elementos que claramente pueden asumir las decisiones, el territorio y la ciudad; del primero hablaremos refiriéndonos a su propia capacidad de articulación y vertebración, y de la segunda, a su estructura, funcionalidad, organización, capacidad de acogida de nuevos usos y del potencial funcional de ambos para responder a los retos que hoy se plantean, especialmente en los municipios que, como Motril, por su dinámica de crecimiento positiva y con tendencias importantes de aumento demográfico, por la diversidad de recursos económicos y naturales, su estratégica situación en el borde litoral y en la confluencia de dos grandes sistemas viarios, le corresponde dar respuesta.

Además de esto, hay que evaluar la función que cada área territorial debe cumplir como parte integrante de un territorio más amplio en el que el equilibrio sectorial es fundamental para garantizar su funcionalidad.

La función de Motril en el territorio andaluz: Las ciudades medias

El Plan de Ordenación del Territorio de Andalucía (POTA) define las ciudades medias y dice de ellas: “No son elementos aislados, sino elementos capaces de completar estructuras intermedias susceptibles de funcionar como redes o sistemas.” “Estas redes de ciudades medias son conjuntos de ciudades próximas que organizan o pueden organizar coherentemente un territorio relativamente homogéneo. La consolidación de la red está supeditada a la capacidad de multiplicar las posibilidades de relación entre sus elementos a través de estrategias de cooperación dirigidas a racionalizar la gestión territorial y generar sinergias positivas que, a su vez, sean capaces de mejorar la competitividad del conjunto y la de cada uno de sus elementos”. En la costa mediterránea, entre Cádiz y Almería, el POTA elige dentro de esta red, las ciudades de Estepona, Marbella, Fuengirola, Vélez Málaga, Motril, El Ejido y Roquetas.

El papel que han de jugar las ciudades medias es fundamental para el reequilibrio del territorio contribuyendo al desarrollo a través de los centros básicos, definidos éstos como pueblos o ciudades más pequeños que, junto con ellas, determinan un conjunto más amplio de centros urbanos con funciones de ámbito subregional, formando una auténtica red de óptima distribución espacial. A Motril, como centro intermedio, se le asigna un área de influencia en la que se incluyen los centros de Almuñécar y Salobreña, además del resto de centros básicos de la Costa Tropical y La Alpujarra.

La función de Motril como centro intermedio consiste en garantizar a su ámbito territorial de influencia que puede servir eficazmente para aquellas funciones urbanas que se le asignan, para ello deberá estar dotado de equipamientos y servicios de orden supramunicipal (hospitales, centros culturales, centros de enseñanza superior, centros de ocio, recreo, centros de formación, etc), y deberá también servir de centro de difusión de innovaciones técnicas y económicas, disponer de dotaciones económicas especializadas para prestar servicio a los ámbitos inferiores y, además, ofrecer un espacio urbano que pueda ser competitivo con el de las grandes ciudades, tanto en bienestar social como en calidad de vida, debiendo para ello integrar en el planeamientos las funciones urbanas que tal situación le demanda. Es, por tanto, un reto al que hay que responder, y para afrontarlo es necesario reforzar la capacidad de atracción y de prestación de servicios, consolidando las estructuras productivas tradicionales y los equipamientos existentes de ámbito supramunicipal y potenciando las nuevas tecnologías que permitan el desarrollo de nuevas estructuras productivas que lógicamente deberán ir acompañados de nuevas orientaciones de promoción económica, todo ello con el objetivo de conseguir un desarrollo sostenible y cohesionado del territorio combinando objetivos sociales, culturales, económicos, y ambientales que faciliten mantener y mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos.

El desarrollo socioeconómico de Motril, según el análisis realizado, está definido por una economía basada en una nueva agricultura que debe mejorar la comercialización para aumentar la competitividad; en los servicios, incluyendo en éstos especialmente el comercio, pendiente éste de una modernización y nuevas formas de atención que posibiliten una mejora de imagen y su consiguiente rentabilidad económica y la construcción, sostenida principalmente por los desarrollos turísticos de antiguo cuño, que deben remodelarse para iniciar un nuevo proceso de expansión que posibilite la diversificación del empleo y el aumento del valor añadido bruto. Pero, además de éstas, hoy día parcialmente desarrolladas, existen otras condiciones que históricamente la ciudad ha desaprovechado, como son la centralidad respecto de un gran área territorial y el potencial funcional propio, condiciones que necesariamente deberá asumir para poder rentabilizar. Para asumir correctamente estas funciones, deben plantearse dos exigencias fundamentales: la dotación rápida y adecuada al marco actual de infraestructuras suficientes de comunicación y el diseño del territorio en un marco de sostenibilidad, que garantice el aprovechamiento de los recursos. De realizarlo bien, depende en buena medida la capacidad del territorio y de la ciudad para progresar hacia una mayor complejidad de su economía y mayor madurez urbana, consiguiendo como efecto derivado el arrastre hacia nuevas y más altas cotas de bienestar, no sólo a ella misma, sino también a los territorios pertenecientes a su ámbito de influencia.

Condicionantes de la elección del modelo territorial

La expresión territorial municipal que conocemos está marcada, además de por la ubicación de los núcleos de formación histórica, por tres preexistencias fundamentales que condicionan las decisiones actuales: el Puerto, que inicia su construcción en 1909 y, anejo a él, la carretera de la Vía, ligeramente posterior. La Fábrica de papel, abierta desde 1960 y enclavada en el centro de la parte occidental de la vega vieja. La variante de la carretera nacional 340, realizada en 1982, con el objetivo de facilitar la comunicación entre ambos y eliminar el tráfico de paso por la ciudad.

Las tres actuaciones se ubican al Sur del núcleo municipal, en los terrenos agrícolas de la vega vieja y alterando la unidad y continuidad de esa formación natural. Desde las dos primeras y actuando ambas como embrión, nace la estructura industrial que ahora conforman los polígonos industriales y la zona de actividad portuaria, la tercera confiere firmeza a las otras dos, las consolida y además da lugar al proceso de su transformación en eje estructurante del territorio, generando tensiones en sus márgenes.

Además de estas tres, con menor grado de condicionamiento pero importantes también, otras implantaciones han actuado de embriones del desarrollo: son los poblados de colonización de Carchuna, Puntalón y ampliación de Calahonda, construidos entre de 1955-1960, la iniciación del desarrollo turístico con la formación del núcleo turístico del Pueblo del Chirimoyo en Playa Granada, iniciada en 1970, y la transformación de los enarenados al aire libre de los Llanos de Carchuna a cultivo bajo plástico de alta productividad a partir de 1975.

Todas ellas condicionan de forma sustancial la formalización del modelo económico y el territorial, pero si además añadimos la ocupación del territorio por agrupación de numerosas construcciones de baja densidad, la existencia de otras construcciones diseminadas por el territorio, las urbanizaciones turísticas, la urbanizaciones turísticas, la agricultura intensiva, las actividades industriales y los crecimientos urbanos, como algunos de los usos que compiten sobre un territorio que tiene como característica la de que los propios usos se expanden con tal dinamismo que alteran profundamente las condiciones ambientales del medio sin mediar tiempo de acomodación, generando una elevada renta económica, pero, simultáneamente, ocasionando problemas de sostenibilidad en el aspecto ecológico, cultural y social, que hay que resolver y compatibilizar para que los usos posibles puedan seguir evolucionando de forma concordante, con lo que llegamos a la primera condición que caracteriza el modelo a elegir: LA COMPETENCIA POR EL USO DEL SUELO.

Comparando la estructura territorial definida en el Plan 90 y la que la realidad manifiesta en estos momentos se observan grandes diferencias, aunque las preexistencias sean las mismas, y los procesos que ahora culminan ya estuvieran iniciados entonces, pero, precisamente, la intervención en el proceso de consolidación para definir límites y poner coto es lo que confiere características únicas al proceso actual.

La segunda condición viene determinada por la situación del trazado dela Autovía del mediterráneo y su acceso al puerto y la ciudad, cuya ubicación introduce una nueva y fuerte ruptura de la estructura territorial, generando nuevas tensiones sobre el núcleo principal y en el territorio que atraviesa, actuando a la vez como elemento barrera, que pone de manifiesto una división territorial apoyada en dos funcionalidades claras, agricultura por un lado y la industria y servicios por otro, ambas introducen nuevos aspectos que condicionan el modelo, pero es la pugna por la ocupación del suelo la que en mayor medida caracteriza la toma de decisiones, los tres sectores productivos tienen presencia plena y todos ellos posibilidades de desarrollo.

Hay que hacer, además, otra consideración, puesto que en la sociedad actual, sometida a procesos de globalización, las deseconomías de unos países tienen alta y rápida repercusión en los demás, apostar por una economía diversificada ofrece mejores condiciones de perdurabilidad y sostenibilidad para el futuro que la economía monoproductiva, reduciendo además la presión sobre los recursos naturales.

En el momento actual, el acierto en la elección del modelo es de singular trascendencia, la toma de decisiones ha de hacerse pensando en que de este acierto depende que Motril continúe sumido en su ancestral aislamiento o que manifieste su capacidad potencial para actuar de motor del desarrollo propio y arrastrar a su área de influencia, siendo conscientes de que si el modelo elegido no responde totalmente a los planteamientos que como punto de partida se enuncian, tampoco es fácil introducir grandes cambios, las manifestaciones territoriales de los usos conforman el espacio y el proceso de producción y la asunción por la colectividad confiere firmeza a las decisiones transformándolas en invariantes.

Sobre esta base, la elección del modelo se manifiesta sencilla: “DESARROLLO EQUILIBRADO Y SOSTENIBLE DE LOS TRES SECTORES PRODUCTIVOS, CON REPARTO TERRITORIAL CLARAMENTE DELIMITADO”.

La definición, deberá traducirse en la determinación de espacios casi estancos que podríamos definir como espacios “con fronteras”, pasa por: la consolidación de la actividad agrícola intensiva, pero poniendo límite a su expansión; desarrollo de la actividad industrial apoyada en la que genere el puerto y en la demanda endógena y la potenciación del desarrollo turístico no estacional, especialmente el hotelero, reservando espacio con condiciones paisajísticas y ecológicas adecuadas a las exigencias de la demanda.

Es preciso coordinar las tres actividades productivas y limitar territorialmente los ámbitos de acción para tener garantías de desarrollo y de consolidación futura si se mantienen las expectativas en el tiempo. Como consecuencia de la asunción de este modelo, obtendremos una ordenación territorial claramente diferenciada, que evite la existencia de conflictos y garantice la continuidad y sostenibilidad. En esta delimitación territorial, las vías de comunicación actuales, y especialmente la N-340, cambiando antes su funcionalidad, actuarán como vertebradores del territorio del total del municipio, estableciendo la relación física entre los ámbitos y facilitando la especialización funcional.

Explicación del modelo

Vemos, pues, que a través de la representación gráfica de unas virtuales líneas de separación en el territorio, se manifiesta claramente la posición expuesta. Alrededor del territorio municipal, en los bordes Norte y Este, a modo de corona, se sitúan los espacios protegidos y a proteger por sus características singulares de formación geológica, de protección ambiental, de prevención de riesgos de erosión y de configuración del paisaje, a partir de esa corona y bajo ella, el territorio se divide en tres grandes bloques o sistemas: ocupando el Llano de Carchuna, el de Puntalón y el espacio entre ambos, y teniendo como límite Oeste la traza Este de la futura Autovía y el ramal de enlace con el Puerto, se manifiesta un territorio que, por influencia de la actividad productiva del poniente de Almería, ha tomado sus características y variado sus formas tradicionales, es el lugar de la agricultura pujante de alta productividad, especialmente la intensiva bajo plástico, este espacio lo asignamos de forma virtual y a efectos de simplificación del modelo para la “AGRICULTURA”. A continuación, la banda central, en la que se encuentran la formación urbana del Núcleo Principal y suelo disponible para el uso residencial en expansión y el puerto comercial, con el área industrial anexa, ambos también en expansión y con demanda territorial en aumento, esta banda tiene como límite por poniente los suelos para ampliación de ciudad “residencial en ladera” y la trasera de los suelos industriales de Las Algaidas, se asigna este espacio al binomio “CIUDAD E INDUSTRIA”, por supuesto, no quiere esto decir que se pretenda su total ocupación, se trata de una asignación “de lugar”, pero no de ocupación real. Ambas formaciones están separadas por una franja de suelo cultivado de 1 km de ancho, que soporta las tensiones de ambos, además de la propia, al estar atravesado por la variante de la N-340. La tercera banda o bloque territorial, por sus características topográficas, paisajísticas y ambientales, fuerte sometimiento a la influencia y presión del desarrollo de la otra parte de la costa, se le asigna al tercer sector productivo, servicios, específicamente “TURISMO”, abarca desde las laderas Este de Minasierra, parte de la vega vieja y zona de Playa Granada, teniendo como límite el del término municipal por el Oeste. Tampoco aquí se trata de asignar un suelo para una explotación masiva del mismo, sigue siendo una asignación genérica “de lugar”, el suelo turístico y el paisaje.

Este modelo presenta algunas semejanzas con el actual, al menos en la expresión verbal de su intención, la asignación global de los grandes usos, turismo, industria, agricultura, y la protección de la vega figuran como elementos definitorios, pero la indefinición espacial y falta de asignación territorial del vigente Plan se manifiesta como amalgama y desorden de usos que derivan en incompatibilidad real, imposibilitando a la vez dos acciones: la capacidad de emerger a unos y el desarrollo cualificado de otros.

La asignación pormenorizada de los usos en el suelo rural, estableciendo limitaciones y condiciones de compatibilidad es ahora prioritaria, pero no sólo para la vega vieja, como unidad morfológica y funcional a proteger, sino también en el resto de los suelos, tanto en los actualmente en explotación agrícola como en los provenientes de futuras transformaciones, esta decisión se manifiesta como una necesidad urgente, sin tregua.

Se deberán definir y fijar criterios de ordenación casi pormenorizada en el suelo no urbanizable, ya que sólo la regulación estricta del territorio permitirá la permanencia territorial en condiciones de calidad ecológica y de mantenimiento de las rentas económicas de los demás sectores y de las suyas propias. La ordenación con criterios rígidos se hace imprescindible, asumiendo una propuesta de funcionamiento, ordenación y mejora de las zonas de agricultura intensiva a través de ordenanza municipal.

La definición en la forma de ocupación del suelo de la vega tradicional se manifiesta como otra de las diferencias, no porque la ocupación se inicie ahora, sino porque ahora se definen actuaciones de asignación concreta y precisa de usos que se señalan territorialmente y cuya pretensión es la de asumir que la vega es un territorio sumamente antropizado, que en el propio proceso temporal está siendo ocupada de forma anárquica por usos ajenos a su naturaleza, y que es necesario acotar para evitar la invasión indiscriminada. Con la definición, asignación y localización de los usos permitidos emergen y se singularizan “los otros”, y el rechazo desde el territorio se manifiesta con mayor claridad, para ello, en la clasificación del suelo no urbanizable se incluyen y acotan las zonas marginalmente transformadas, en las que el uso industrial se entiende incompatible, y el de coexistencia de la explotación agrícola con la vivienda se reconoce como Hábitat Rural Diseminado, regulándose a través de una ordenanza específica, como usos especiales en suelo no urbanizable que, les haga perder la característica de marginalidad que en algunos casos existe, pero manteniendo la connotación puramente agrícola de la formación.

La necesidad de expansión de los usos existentes en el “bloque central”, , se pone de manifiesto con prontitud bien al Este y Norte para extensión de ciudad, o al Sur, en la proximidad del Puerto, para la implantación de instalaciones industriales de “otro aire”, con marcado carácter renovador. La asunción de su inexorable localización ocupando terrenos de la vega, por continuidad lógica con los usos similares existentes, evita la formación de un tercer foco industrial, siendo también otra diferencia con el modelo existente. Pero, por supuesto, no es ésta una diferencia real, sino formal: la vega viene siendo ocupada paulatina y sistemáticamente desde principios de siglo, cuando se inicia la construcción del puerto comercial.

Una vez definido el modelo territorial y tomado conciencia de la contradicción entre la aspiración planificada y la realidad manifestada, esta propuesta de planeamiento pretende acortar la distancia entre ambas, proponiendo soluciones que acerquen lo real a lo deseado.